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Museos Domesticos
"Soy feliz con mi nueva actividad. Las clientas llegan
desoladas y avergonzadas con una bolsa de plástico de la que salen
dos piernitas, sin zapatos. Son las muñecas con que jugaban en su
infancia. Se ponen en mis manos. Cuando he conseguido dejar una
de ellas como en el recuerdo, se tapan la cara de emoción. Así he
ampliado mi colección, porque considero mías todas las muñecas que
restauro".
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